El Puerto Rafor no nació solo de una receta, sino de un recuerdo.
Detrás de cada plato, hay una historia de amor, lucha y esperanza.

Cuando la fundadora de El Puerto Rafor perdió a su hijo, el dolor se convirtió en fuerza y la tristeza en inspiración. En honor a su memoria, decidió abrir una cevichería que no solo sirviera comida, sino que compartiera momentos, sabores y emociones. Así nació este puerto: un lugar donde el mar abraza el alma y cada bocado cuenta una historia.

Hoy, además de nuestra carta tradicional, ofrecemos un servicio de almuerzos para empresas, un proyecto que no solo satisface paladares sino que también aporta a la economía del país al generar empleo y oportunidades. Nuestro compromiso es que esos almuerzos tengan la misma calidad, frescura y autenticidad que nuestra carta principal.

Parte de nuestros sueños es crecer hacia un catering empresarial a la carta, donde podamos llevar la experiencia manabita a oficinas y eventos, manteniendo siempre la esencia de nuestra cocina: amor, tradición y excelencia.

Puerto Rafor es un homenaje a los sueños que no se rinden, a la familia que se mantiene unida en medio de la tormenta, y a la fe que transforma el dolor en propósito. Aquí, la cocina es un acto de amor, y cada cliente es parte de esta travesía.

Con autenticidad, respeto y honestidad, navegamos hacia un futuro donde queremos abrir nuevas sucursales en Quito y consolidarnos como un ejemplo de que los sueños, cuando se cocinan con el corazón, saben mejor.